18.1-Historia clínica e intervenciones: (i) narración, acontecimiento y psicoterapia. (1999)

¿A caso todo sería relativo menos que “todo es relativo”?, o  bien –como en una física relativa con constante velocidad máxima de la luz- ¿todo es relativo si “ajusta”?, o dicho de otro modo: ¿todo es relativo en el interior de unos márgenes constantes que –justamente- rompen el relativismo absoluto?. En todo caso aún el relativismo extremo parece circular en vías, circuitos y reflexiones bastante poco relativas. ¿Ya no creo en mi neurótica por que miente?, ¿porque no dice lo que sucedió?, ¿porque no corresponde a mi modelo?, ¿por alguna otra cosa?... Despejando el mentir (conscientemente) y soltando amarras del mantenimiento a ultranza del modelo, nos queda “lo que sucedió”: ¿verdad histórica?, ¿verdad narrativa?. Lo acontecido es lo psíquicamente sucedido, lo narrado sin intención de mentir ni de hacer ficción, verdad narrativa e histórica dejan –por ingenuas- el lugar a otra disyuntiva: acontecimiento y narración “correspondiente”.

 

18.2-Historia clínica e intervenciones: (ii) intervenciones interpersonales e intrapersonales (retóricas y homólogas).(1999)

Si la psicoterapia se realiza a través de la escucha y del discurso y si el terapeuta pretende influenciar de algún modo al paciente la retórica tiene sin duda algo que decir en el trabajo psicoterapéutico. Pero aún hay más: los razonamientos del terapeuta –y del paciente- en modo alguno se asientan en premisas necesarias sino que más bien están cargados de contingencia, de probabilidades una y mil veces discutibles. La psicoterapia –al menos fuera de instantes cruciales y tal vez míticos- no es asunto de verdad sino de verosimilitud; incluso las asociaciones, sus posibles verdades, son relativizadas por las múltiples cadenas sintagmáticas y paradigmáticas posibles (particularmente en el símbolo). Queremos además -dicho lo anterior- hacer notar dos aspectos: 1) aceptar el importante componente persuasivo de la psicoterapia no supone retrotraerla a la sugestión o la pura persuasión sino que pretende insistir en un aspecto que al fin y al cabo –pensamos- es cuando menos un secreto a voces; 2) presentar los aspectos psicoterapéuticos contingentes y meramente verosímiles no exige necesariamente flotar en un relativismo difuso en el que toda “versión” vale.

 

17-El símbolo, consciencia y no consciencia: aspectos clínicos.(1999)

Se ha enunciado en múltiples ocasiones la imagen de que el símbolo muestra y oculta, sin embargo sugerimos aquí que el símbolo no oculta, tan sólo muestra. De no ser por el símbolo sería la noche oscura en un señor sin sueños y el silencio vacío de los opuestos no elaborables por el signo. Pero al mostrar lo hace de su modo propio, contorneando y, en una aproximación rápida, dando la impresión de desfigurar. Evidentemente estas reflexiones implican que no estamos en el marco clásico de la represión freudiana cuyo producto es el símbolo entendido –más o menos- como camuflaje (Jones, 1). Los materiales psíquicos no son oscuros o ambiguos porque entre en funciones el símbolo sino porque son oscuros y ambiguos son elaborados por el símbolo.

 

16.1-Psicoterapia y sistema de relaciones objetales como estructura psicológica (i): división y disociación, “tópicas”, categorías y clases. (1998)

El sistema de relaciones objetales (SRO), en tanto núcleo central del psiquismo humano, forma una totalidad de elementos que presentan –siguiendo a Bertalanffy (1968)- unas propiedades constitutivas como partes de un todo. Así pues, para el estudio del SRO, quedará en segundo lugar la toma  en consideración de las propiedades “sumativas” (las de sus componentes independientemente de la unidad formada). Las propiedades emergentes hacen nacer aspectos nuevos y también “constriñen” parciales potencialidades. En tanto modelo el SRO trataría de insistir en su aspecto formal privilegiando las relaciones sobre los componentes, inversamente a lo que sería un modelo sustancial (Nagel, 1968). En el pasaje del “territorio al mapa” privilegiamos aquellos rasgos del sujeto (S) y de los objetos (O) que tienen que ver precisamente con las relaciones –simultáneas- de unión y de separación.

16.2-Psicoterapia y sistema de relaciones objetales como estructura psicológica (ii): sujeto, clases objetales y distancia oportuna. (1998)

Desde la perspectiva que aquí mantenemos la unidad es la relación. El individuo suma internamente un sujeto y unos objetos que, todos ellos, son él mismo con igual importancia. Sujeto, objetos y relaciones forman el “sistema de las relaciones objetales” (SRO) que también puede entenderse como –metafórico- “lugar” psíquico (“tópica”). Las ontogénicas divisiones de las clases objetales construidas en el “diálogo” individuo/medio a partir de casillas virtuales vacías se engarzan con el aparataje cognitivo ligado al signo/símbolo para la búsqueda –conflictiva- de la distancia oportuna en un juego donde la ambivalencia, la disociación y en general el manejo de los opuestos ocupa un lugar primordial.

15-Sobre algunos trastornos de la alimentación y sus relaciones con la distancia oportuna, la sexualidad y el fetichismo. (1997)

Los trastornos de alimentación aparecen en un complejo espectro que va de las manifestaciones sintomáticas a los síndromes organizados; su multidimensionalidad es manifiesta tanto en la fenomenología clínica como en la presencia solapada de trastornos ansiosos, depresivos y de personalidad. No obstante nos centraremos en este trabajo en el aspecto, parcial sin duda, que corresponde al alimento en tanto inscrito en el sistema de relaciones objetales. La alimentación y lo sexuado/sexual se implican mutuamente en variados comportamientos y elaboraciones psicológicas. Estudiaremos en este trabajo (1) ciertos aspectos de los objetos metonímicos (representantes de totalidades de las que forman parte) de la sexualidad y de la alimentación, (2) así como las particularidades en la maduración y desarrollo de ambos géneros en cuanto a la relación del sujeto con sus padres, y (3) algunos trastornos de la alimentación particularmente concernidos.

 

14-Relaciones del sujeto y los objetos: enunciación y experiencia. (1997)

La noción de sujeto constituye en buena medida el meollo del acontecer psíquico y por tanto de la práctica psicoterapéutica. Pero, ¿qué sujeto es ése que a menudo no sabe que es sujeto y que comporta en su más profundo interior al objeto?, ¿qué sujeto es ése que se presenta descentrado, repartido y contradictorio?. Viejo tema y en ocasiones viejos autores que, pensamos, siguen en el centro de los nuevos problemas. El sujeto y el objeto forman una maraña entrelazada que se expresa en la enunciación; el enunciado nos ofrece un sujeto (y un objeto) distribuido a lo largo del discurso manteniendo, sin embargo, un estilo general. Trataremos en las líneas que siguen sobre ese ser humano entendido psíquicamente como sistema de relaciones objetales en las que el sujeto se relaciona con los objetos (mundo interno) y a su vez -en tanto individuo- se inscribe en el nivel del mundo externo.

 

13-Cuerpo y distancia. (1997)

Consideraremos en las líneas que siguen algunas variables en torno al cuerpo y al eje de la unión/separación. La distancia entre un cuerpo y los otros cuerpos (o entre sus partes) se inscribe en la apertura corporal hacia el espacio, y es traducida en el gesto y más genéricamente en la asimila­ción/a­comodación sensorio-motoras. Uno de los gestos privile­giados tiene que ver con la captación visual: mirar o ser mirado presupone una distancia entre "mi cuerpo" y "su cuerpo" (en la doble dimensión objetivizante o subjetivizante). Sugeriremos que cuerpo vivido y cuerpo conocido son fenómenos psíquicos enmarcados -dialécticamente- en una espacialidad de situación cuyo substrato "en-si" sería una espa­cialidad de posición de índole eminentemente neurológica. Cuando digo "mi cuerpo", hablo de un cuerpo y hablo de mi, pero de un "mi" en el que también hay un cuerpo: evidentemente se trata de dos cuerpos diferentes, localizados por tanto a una distancia. Cuando hablo de "mi padre" o de "mi madre", hablo de un padre y una madre, y hablo de mí. Ese padre, esa madre, no son cualesquiera, poseen unas particularidades -digamos- objetivas. Sin embargo al hacerlos míos los sitúo como objetos (internos) relacionados con un sujeto que, recursivamente, se define según sus objetos. Pero el cuerpo no es un ser humano y tampoco tiene mucho que ver con cualquier otro objeto que sea un ser humano: ni "yo tengo un cuerpo" ni "yo soy un cuerpo", más bien "yo soy (o tengo) el cuerpo que tengo (o soy)".