23.3-Las diferentes afectaciones: (iii) identidad y sistema psíquico relacional. (2003)

La identidad en tanto humana exige de forma inapelable tres notas distintivas: 1) ser alguien relativamente homogéneo y coherente en el aquí y ahora, 2) ser el mismo en el transcurrir temporal más allá, o más acá, de los inevitables cambios, 3) saber que se es, que soy, esa identidad homogénea ahora, antes y tal vez después. En lo que respecta a la identidad y a su vivencia, ser significa “estar siendo”, es decir: temporalidad y duración. Por otra parte “estar siendo” implica un algo que “está siendo”, es decir: sistema, estructura y organización. Únicamente sé que “estoy siendo” en la íntima relación de mi algo (que “estoy siendo”) con otro algo que es (mi) objeto. Pero ese objeto que es, se desdobla en una parcela que “estoy siendo” (yo, mi, me), interna a mí, y una parcela a la que concedo que es (o “está siendo” en su caso) fuera de mi.

 

22.1-Emociones y sentimientos: lenguaje verbal y sistema de relaciones objetales (i): sentimiento y significado. (2002)

El peso de lo afectivo, la “inteligencia emocional”, el papel del afecto en la comprensión del otro y de uno mismo, e incluso el peso de lo afectivo como guía en la resolución de los más abstractos problemas ocupan un importante lugar en las reflexiones psicológicas y psiquiátricas contemporáneas: a veces representan al sentimiento y la emoción como fieles compañeros de la cognición y otras como guías y evaluadoras de esa cognición. Sostendremos aquí una orientación por la que el sentimiento, de igual manera que el carácter real o imaginario de la percepción son inmediatos a cada uno de los aconteceres psíquicos. Percibir un palo como quebrado al atravesar la superficie del agua, o percibir un espejismo en el desierto –como bien demuestra Austin (1)-, no son ilusiones: ¿Acaso no se pueden incluso fotografiar?. Hacer de las sombras chinescas en la habitación fantasías de antiguos inquilinos sí son ilusiones. La ilusión exige una sobre-interpretación que dote de sentido –a menudo causal- a lo habitual o a lo no habitualmente percibido. Pero ¿es así?, ¿se dan dos pasos sucesivos en un percibir y un interpretar?.

 

22.2-Emociones y sentimientos, Lenguaje verbal y sistema de relaciones objetales (ii): emoción y sentimiento. (2002)

Entre emoción y sentimiento hay diferencias cualitativas. El sentimiento, tal como lo hemos situado, forma parte del contenido del signo en su vertiente de significado relacional que expresa la afectación del sujeto por el significado objetal o referencial. La emoción se sobreañade al sistema de la lengua que sólo en la maduración-desarrollo la integra en la elaboración psíquica. La emoción es contemporánea del lenguaje verbal, pero también le precede. El lenguaje verbal puede describirla y asumirla de igual modo a como describe o asume el mundo previo. Las emociones se organizan en tipos de emociones sobre las que se asientan los tipos de qualia que de manera sincrónica se emparejan con los significados relacionales para construir los sentimientos altamente diversificados pero ellos mismos organizados en tipos similares.

 

21.1-Psicosis delirantes y sistema de relaciones objetales (i): parecer y aparecer , Mundo posible actual y certeza delirante.(2001)

En el estudio de las psicosis esquizofrénicas y delirantes nos encontramos con un núcleo duro persistente que por otra parte posee puntos en común con la normalidad (en el sentido de vivencia y situación no psicóticas),  nos referimos a la certeza como adhesión inmediata en forma de constatación evidente y al temple (afectivo). Similitudes y diferencias entre la certeza normal y la delirante nos llevan a estudiar en las líneas que siguen algunos aspectos de la creencia, de la certeza, del error y de la anomalía así como de la posición ante el mundo (mundo posible actual).

21.2-Psicosis delirantes y sistema de relaciones objetales (ii): la contradicción psicótica, el ego y el alter, formas clínicas. (2001)

¿Cuáles son las características en la simultaneidad psicótica (Conrad, 1) del abismo que separa al sujeto de los otros siendo a la vez penetrado por ellos?, ¿qué significa (Follin, 2) la presencia conjunta en la esquizofrenia de la inmovilidad inerte y de la impulsión, de la actividad y de la inactividad, de la abstracción y de la concreción?, ¿cómo se suman la megalomanía psicótica y la ruptura de las fronteras propias?.  El ser humano se mueve en unas magnitudes en las que independientemente de lo que pueda suceder en otras (el dominio de lo extremadamente pequeño o de lo enormemente grande) un “algo” no puede estar en dos sitios a la vez, tampoco puede moverse y no moverse, estar con y no estar con..., en cualquier caso ni su lenguaje ni su cognición pueden elaborar tales confluencias. La psicosis hunde sus raíces en lo insostenible y tal vez en lo imposible. Tales derroteros nos llevan a través del peligro inusitado de destrucción de toda autorreferencia, hacia el manejo de las profundas contradicciones con consecuencias “anómalas”, más allá del error, para el individuo. Y cuando hablamos del humano, según el enfoque que seguimos en este trabajo, hablamos de la relación del individuo y del otro, del Ego y del Alter, del sistema de relaciones objetales (SRO).

 

20-Distancia oportuna y dependencia madura. (2000)

Llevaremos a cabo un breve recorrido por algunas propuestas del psicoanálisis y de la psicología genética con respecto a la relación del niño con sus objetos primitivos. En esta lectura voluntariamente dirigida, pretendemos poner en relieve la fundamental influencia de los procedimientos que unen y separan al sujeto de los objetos. Por otra parte, muy pronto el niño ha de situarse con respecto a la bipolaridad del género y de la barrera generacional. El establecimiento de la distancia oportuna con el objeto se desdobla en las relaciones de un sujeto sexuado con los dos objetos representantes de cada género. Buena parte de las manifestaciones clínicas pueden ser atribuidas a la relación del sujeto con los objetos en un ejercicio que pretende mantener la individualidad salvando la imprescindible dependencia en el marco general de la sexuación y en el más dinámico de la sexualidad.

 

19.1-Sistema de relaciones objetales, conjunto clínico elemental y estilos de personalidad (i): estilos obsesivo, histérico, temeroso evitador y temeroso dependiente. (1999)

El conjunto clínico elemental (CCE) primordial es la unidad clínica de base que conlleva, más allá del sustrato neurofisiológico,: 1.      Unos fenómenos observables (discurso, emociones, gestualidad, manejo espacial, actuación motora, ...) en una extensión mínima pero suficiente para expresar unos modos “patrones” de elaboración cognitiva y afectiva. 2.      Un conflicto específico en el que se presenta un exceso de unión o de separación del sujeto con uno de los objetos fundamentales inscrito en la simultaneidad de opuestos (anhelo de alcanzar la distancia oportuna). Propondremos en este trabajo que uno de los factores de primer rango para la definición de la personalidad tanto normal como patológica en cada uno de sus subgrupos formales (tipos) o concretos (estilos) viene dado por la actividad del CCE primordial; otro tanto sugeriremos con respecto a la patología reactiva ocasional y a las neurosis.

 

 

19.2-Sistema de relaciones objetales, conjunto clínico elemental y estilos de personalidad (ii): estilos narcisista, sensitivo, impulsivo, formas híbridas. (1999)

El narcisista y el sensitivo presentan en común una diferenciación inadecuada de la clase del sujeto (S) y de las clases objetales que componen el sistema de relaciones objetales (SRO), los límites no son claros y, ante los conflictos, los fenómenos de difusión (de la agresividad o de la grandiosidad) son compartidos. En las estructuraciones que abocarán a los estilos/tipos obsesivo, histérico, y temerosos (evitador y dependiente), los conflictos relacionales están básicamente instalados en la estructuración “edipiana” correspondiente a la “segunda triangulación” (Zuazo, 1996, c); el sensitivo y el narcisista se hallan especialmente marcados por aconteceres relacionales conflictivos más primitivos (“primera triangulación”).